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Una luz azul cubre todo. Cuatro figuras, casi sombras, se paran en una línea semicircular delante de sus instrumentos. Hay una excitación palpable en el ambiente: el silencio no llega a ser tal por los gritos de la concurrencia. Empiezan los primeros sonidos y también el baile en el público. Hay algo en la disposición de la banda que me hace pensar inmediatamente en Kraftwerk, no sólo por el uso de instrumentos más bien electrónicos (sintes varios, compus, theremin, drum machines, entre otros), sino por cierta cuestión estéril, impoluta, los movimientos medidos, el mismo vestuario para todos (lo confirmé un par de días después con un adelanto de la sesión de fotos del disco), además de las estructuras asombrosas que ponen en escena (un espejo de luces que denominan “el infinito” que se ve por arriba del grupo, por ejemplo). Pero la calma duró poco. Después de una pequeña introducción, comenzaron a sonar las primeras notas de “Tza, tza, tza” seguido de “13,38 g/cm”, apertura de su último EP Boruki, mientras Vulkova Ryon hacía su aparición desde un costado del escenario y para ese entonces los otros miembros, habían abandonado todo tipo de quietud.

Desde la primera vez que los vi, el formato de la banda fue mutando hacia el quinteto que el pasado 7 de abril pudimos ver, pero hay un punto en común muy fuerte con aquellos tiempos y tiene que ver con la manera en que funcionan sus vivos. Los dos larga duración anteriores, Phi (2014) y SU.SY (2016), tienen un formato de disco tradicional donde los tracks conviven por separado perfectamente; en vivo, tienen una tendencia más cercana al set, en los que cada tema sucede al otro por algunos segundos instrumentales, siendo pocas las veces que escuchamos un silencio total a modo de final de un tema. En coberturas anteriores hemos realizado un análisis más fino de la puesta en escena que vienen desplegando en el último tiempo, de fuerte impronta sci-fi. Básicamente consiste en presentar a los miembros en una disposición bastante fija, de manera análoga a lo que serían los puestos de tripulación en una nave espacial (de hecho, es esta la idea que buscan transmitir, como nos contarán ellos más adelante) con intermitentes visitas de un ser extraterrestre, la ya mencionada Vulkova. Si el primer disco proponía el despegue desde el planeta Phi y en el segundo presentan el sistema de la nave, SU.SY, Boruki es la finalización del viaje intergaláctico, el arribo a un nuevo lugar (no es casualidad que cierren SU.SY con un tema denominado “Amanece sobre un océano de otro mundo”). Además, este lanzamiento cuenta con la particularidad de haber sido lanzado en video (a cargo de Balú) antes que en plataformas de streaming, de manera que se puede conocer muy fácilmente la estructura que manejan sus shows, presentando también a SU.SY y su tripulación.

Foto: Alicia Lovera
Foto: Alicia Lovera

Aproximadamente la mitad del show se da en este formato de banda hasta que, juego de luces mediante, quedan los tripulantes Alejandro Zoras (caja de ritmos y secuencias) y Tomás Guida (sintetizador, sampler y batería electrónica) en un cara a cara instrumental que sube la temperatura para dar paso a la segunda mitad, titulado, según el tracklist, “Techno war machines” (sirve para dar una idea incluso más concreta). En esta parte, con un sentido del humor dominante, hacen su aparición los alter ego de algunos de sus miembros: el Pastor Evandro da un speech para disuadir a la audiencia del consumo de drogas en un portugués lleno de efectos con un plot twist que sirve de prólogo a “Jesuis=ERR”, cuarto track de SU.SY; en traje de gala aparece Mono Deluxe para hacer un cover de “Maybe Tonight” con un aire a crooner disco del tipo Pino D’Angiò; Deep Hale aparece con su campera roja y anteojos de sol cantando frases autotuneadas de melosidad kistch para hacer “One Life Stand” de Hot Chip.

Para el cierre, suman dos covers que dejan la pista en llamas: la nostalgia millenial hecha electrónica de “Zenkai Pawa” (el closing de Dragon Ball Z) y el groove funky de “Sing it Back” de Moloko. Algunos minutos después, mientras la fiesta seguía abajo, los camarines de Niceto estaban atestados de colaboradores técnicos de la nave junto a sus tripulantes y la humanoide Vulkova, de manera que aproveché el aterrizaje para disparar algunas preguntas.

¿Cómo describirían Gin Tronic para alguien que no los conoce?
Somos una banda que propone mediante el contexto de un relato de ciencia ficción una forma distinta para disfrutar de una fiesta. En escena se ve con claridad una tripulación uniformada piloteando los comandos de una nave que viaja por la inmensidad del espacio exterior. Intermitentemente el vehículo es abordado por una figura de forma humanoide pero de especie desconocida, que canta con sofisticada dulzura en su propio lenguaje de dicción “supercompleja”. Desde lo visual, tres tripulantes más determinan el carácter, la textura, el color y proponen un sistema de estímulos a nivel cognitivo, dando como resultado que el espectador pueda escuchar, observar e interactuar en una experiencia inmersiva. El espectáculo se trata de un divertido ejercicio para bailar e imaginar. Sintetizadores, bajo, voz, cajas de ritmos y guitarra sacuden la pista con un sonido que refiere a los orígenes del house y la música experimental.

Foto: Alicia Lovera
Foto: Alicia Lovera

Esta fecha les implicó un despliegue importante, ¿cómo fue la preparación?
Para esta fecha generamos una nueva puesta escénica desarrollada con la colaboración de los tripulantes Nicolás Maksimiuk y Javier Serena (FLUO). A partir de este desarrollo presentamos de modo audiovisual el nuevo EP Boruki, que saldrá publicado próximamente. La nave SU.SY aterrizo y mutó nuevamente su composición material incorporando un nuevo sistema lumínico interactivo con la música. Para esta ocasión se sumó en la iluminación el mágico Pedro Pampin.

Siendo este su tercer lanzamiento en cuatro años, ¿cómo encararon el proceso de grabación y producción?
La identidad de los temas la buscamos desde improvisaciones en el estudio. Con ese material generamos la semilla de las estructuras de las canciones. La idea fue enfocarnos en los momentos más bailables y conceptos más fuertes. En la siguiente etapa definimos los arreglos y trabajamos los temas durante los ensayos para que sonaran como queríamos e ir a grabarlos tocando todos juntos, logrando así captar la energía de cuando tocamos en vivo. La grabación final la hicimos literalmente arriba de la nave. Se puede ver el registro en YouTube. La etapa de mezcla fue bastante rápida porque la preproducción fue muy desarrollada.

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Foto principal: Alicia Lovera.