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La sorpresa había sido anunciada en el medio de su concierto el domingo en el Festival Music Wins: Mac DeMarco haría un sideshow en Niceto Club para culminar su tercera visita al país. Pasadas las 20 hs del miércoles 16 de noviembre, las entradas ya estaban agotadas y una multitud se agolpaba para recibir una dosis más del músico canadiense.

Tras las presentaciones de Los Asteroids e Ignacio del Pórtico, a eso de las 22 hs Mac y compañía aparecieron en el escenario desplegando desde un principio su ya conocida actitud bufonesca, que tanto contrasta con el contenido reflexivo y sensible de sus canciones. El tema elegido para arrancar fue “Salad Days“, uno de los clásicos, seguido de “Rock and Roll Nightclub” para los fans de sus comienzos y “The Way You’d Love Her“, estrenada el año pasado. Entre “The Stars Keep On Calling My Name” y “Another One“, en la que el frontman mostró sus destrezas en el teclado, se inauguró el grito de cancha de la noche: “¡Choripan, choripan!”, en honor a “la mejor salchicha del mundo” que encandiló a nuestro visitante en esta oportunidad. “Cooking Up Something Good” y “Freaking Out the Neighborhood“, de las más explosivas, sonaron después de prolongadas intros que fueron coreadas desde los versos hasta la parte instrumental.

No faltó el himno a los fumadores, “Ode to Viceroy“, y claro que en las dos horas de show Mac tuvo que prenderse algún que otro cigarrillo, haciendo caso omiso de la prohibición de fumar dentro del boliche. A los integrantes de su banda tampoco les importaron mucho las reglas y convenciones sociales: más tarde, sin esperar respuesta a la pregunta “¿el nudismo es legal en este país?”, el desenfrenado baterista Joe McMurray decidió tocar unos temas desnudo, mientras DeMarco y su payasesco partner in crime, el guitarrista Andy White, lo acompañaban con el torso al descubierto. El show también tuvo su pico emotivo de la mano de aquellos temas que reflejan su más absoluta sensatez, “Let Her Go” y “Without Me“, la romántica balada “My Kind of Woman” y por supuesto, la infaltable “Chamber of Reflection“.

El momento que todos estaban esperando llegó de la mano de “Still Together“, la catapulta para que Mac se lanzara al público desde el escenario. Incluso se trepó cual primate hasta el primer piso de Niceto, para luego zambullirse desde el balcón como un suicida en el mar de fanáticos que lo atraparon con entusiasmo y lo hicieron recorrer cada rincón del lugar. Su novia Kiki, la musa inspiradora, también se asomó y fue recibida con cariñosas ovaciones. Tras un sutil beso de amor entre la pareja, se dio por finalizado el recital para pasar al breve encore.

Foto: Matías Casal
Foto: Matías Casal

Por momentos, la banda dejó atrás su autodenominado jizz jazz para fantasear un poco con volverse estrellas de rock, como con el cover de “Reelin’ in the Years” de Steely Dan y una prolongada versión de “Enter Sandman” de Metallica, que culminó finalmente el show tras la promesa incumplida de tocar “Blue Boy” y otra tanda de surfeo por parte de Mac sobre sus fieles seguidores. A pesar de anunciar que harían un repertorio diferente al del fin de semana, el setlist no incluyó muchas variaciones, e incluso el espectáculo en sí fue muy similar al que habían brindado en Groove el año pasado. Pero esta vez, los músicos se tomaron las cosas de forma distendida y se dedicaron a divertirse e improvisar unos cuantos jams a lo largo de la noche, como en un ensayo relajado y sin presiones que se caracterizó por su espontaneidad. Quizás hubiera sido bueno que se aprovechara el tiempo para consentir al público con más canciones propias, pero sus fans ya tienen en claro que a Mac no se le puede pedir un recital reglamentado ni estructurado y esa es parte de su magia. De todos modos, en Argentina ya juega de local y es claro que, después de cuatro exitosas presentaciones desde su debut, no faltará oportunidad para volverlo a ver. Su calidez y sencillez hicieron de la velada una multitudinaria reunión de amigos unidos por el incondicional amor a la música y el aprecio por los pequeños placeres de la vida, aquellas maravillas que el gurú del indie viene a predicar.

Foto principal: Matías Casal