Después de cuatro shows colmados en Niceto y con una cuadra llena de fans esperando que el cartel que decía “entradas agotadas” ya no existiera, El Mató está en uno de sus mejores momentos, casi sin darse cuenta. Verlos es un aire fresco para rock nacional actual.

En cada recital de El Mató se ve el aumento de su convocatoria. En el último Niceto se destacó la presencia de una gran cantidad de jóvenes sub-25, muchos de ellos los veían por primera vez y aún sin cantar las canciones, disfrutaron del magnetismo motorizado.

Los primeros acordes de la canción “Provincia de Buenos Aires” abrieron el show de manera instrumental. Luego, Santiago Motorizado cantó: “En tus ojos, la violencia, abrazame” (“Violencia”) con su voz tenor pacífica. Le siguió “El baile de la colina”, del mismo EP, una canción que como un mantra -característica de sus letras- nos dice que está “perdido en el gran baile de la colina”. Ese gran baile podría ser el pogo celebratorio de El Mató, que ésta vez no se destacó como en otros shows. El espacio no permitía que haya mucho movimiento ya que era muy difícil moverse entre el público. Mucha gente no pudo ver el escenario y se quedó del lado de la barra, cerca del ingreso. No sólo no podían ver a la banda sino que tampoco las visuales que prepararon especialmente.

Foto: Matías Casal
Foto: Matías Casal

El Mató ofreció un show impecable y prolijo. Si bien no abandona la distorsión noise, apuesta más a la prolijidad y a la experimentación. Esto se puede escuchar en sus nuevas canciones como “Aire Fresco” o “Rucho”. A su vez, propusieron un show más introspectivo en el que tocaron muchas de sus canciones melancólicas, cargadas de mantras juveniles que nos hablan del futuro. “Cuando juntes fuerzas las cosas van a estar mucho mejor (…) Todo lo que ves será nuestro, nena” (“Chica de Oro“) o “Pá, necesito un poco de plata para que todo siga más o menos bien” (“Más o menos Bien“). En ese sentido, tocaron dos canciones de amor que podrían estar en un top 10 del género: “Dos Galaxias” y “El fuego que hemos construido” en el que Santiago interpreta con cierto lamento: “Quiero mirarte y que me mires” ¿Hace falta decir algo más?

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Foto: Matías Casal

Los momentos más delirantes en donde apareció el legado noise sucedieron con “Tormenta Roja” y “Diamante” (dos temazos de su primer EP que ya tiene 12 años). Los instantes más rockeros y celebratorios fueron con sus clásicos “Mi próximo movimiento”, “La celebración de fuego”, “Mujeres bellas y fuertes”, y los dos hits de la banda, “Amigo Piedra” y “Chica rutera”, que cada vez que los tocan, el pogo motorizado se hace notar. La sorpresa del show fue cuando Santiago cantó “Mi próximo movimiento” junto al público que coreaba intensamente. Los chicos y las chicas, con sus ojos cerrados al igual que Santiago gozaban de la energía positiva e hipersensible que expresa la banda. Santiago dejó su bajo por unos minutos, y con pocos movimientos y su mirada clavada en el piso como casi siempre, acercó su micrófono al público, que cantaba cada vez más fuerte… ¿Shoegazing para todos y todas?

El Mató es independiente y a la vez, convocante, como pocas bandas indies. El próximo 3 de septiembre tocarán en Groove, un lugar más grande, tal como se merecen. La banda sigue haciendo la música que le gusta, aún con un público renovado. Desde su independencia y humildad, conquistan nuevas almas sensibles. Y en particular, aquellas que se quedan en la puerta tratando de asimilar que se agotaron las entradas, y que esperan el próximo show de su banda favorita.

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Foto: Matías Casal
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Foto: Matías Casal