Dos shows en La Plata con entradas agotadas varias semanas antes fueron reflejo del lumínico presente de Coldplay. Un momento que coincide con el de mayor crecimiento del grupo británico como banda de estadios, asentado por el éxito de sus primeros álbumes y amplificado últimamente por su más nueva etapa de pop de masas.

El cuarto encuentro del público argentino con Coldplay se ubicó justamente en ese extraño lugar, donde confluyen los puntos cúlmines de su etapa más britpop y la juventud de su sonido más comercial, otorgándole así una categoría ATP a la calurosa noche platense.

Foto: Catalina Almada

El show del martes arranca con “A Head Full of Dreams” y, ya desde el comienzo, el entusiasmo se vive de ambos lados: a la banda se la ve conmovida desde el inicio, y la audiencia no se mide al momento de pronunciar las letras y pegar los primeros saltos. “Every Teardrop Is a Waterfall“, “Birds” y “Paradise” dan cuenta inmediata del saludable presente discográfico del que disfrutan los ingleses.

Foto: Catalina Almada
Foto: Catalina Almada

A partir de este momento, Coldplay sumerge al público en una tormenta de hits que excede a las propias canciones. Se trata de ir más allá, de ofrecer a la gente una experiencia sensorial completa que abarque todas las posibilidades tecnológicas. Dos pantallas gigantes laterales, una pasarela que por momentos le quedaba corta a las corridas de Chris Martin, y, abriendo también el foco escénico hacia el público, una lluvia de globos que rebotaban y papelitos multicolores que daban un clima de celebración. Pero por sobre todo, las famosas pulseras “Xylobands”, exclusivas de la banda, que iluminaron el estadio de acuerdo a los diferentes humores que transitaron la noche.

También hubo clásicos, y ya desde el arranque el público argentino pudo corear “Yellow” –primer éxito de la historia de la banda–, así como impregnarse con la exquisitez de algunas joyas de A Rush of Blood to the Head –su mejor trabajo, lejos–, con “The Scientist” y “Clocks”.

Foto: Catalina Almada
Foto: Catalina Almada

El recital fluye y Chris Martin logra mantener la tensión dedicándoles a varias de las canciones muchas palabras en nuestro idioma. De esta manera, “Midnight”, “Hymn for the Weekend”, “Fix You” y “Viva La Vida” ilustran un perfecto balance entre pasado y presente.

Pero el alcance de Coldplay es tal que no se conforman con simplemente disparar un éxito tras otro, y pueden darse el lujo de hacer una versión bastante correcta de “De Música Ligera, el clásico de Soda Stereo, en perfecto español y al unísono con todo La Plata. Y ya en un clima más íntimo, subirse a un pequeño escenario alternativo al fondo del estadio, para interpretar una nueva canción compuesta para la ocasión, “Amor Argentina”, un tango que mostró al grupo alinearse con músicos locales, en uno de los grandes momentos de la noche.

Foto: Catalina Almada
Foto: Catalina Almada

También se pudieron ver numerosas cámaras y varios reinicios de canciones por parte del grupo, dando a entender que parte del material podría llegar a ser utilizado en un eventual concert film oficial de la banda (aunque dicen que éste ya había sido grabado en su show en San Pablo).

Hacia el final, el grupo presenta al público local la nueva canción “Life is Beautiful”, para luego emprender una trilogía final con el single compuesto en conjunto con The Chainsmokers, “Something Just Like This”; su hit más radio-friendly de esta década, “A Sky Full of Stars”, y para el desenlace, “Up&Up”.

Foto: Catalina Almada

Si bien la ocasión era el cierre de su gira mundial, los conciertos de Coldplay en el Estadio Único fueron mucho más que eso: representaron su ensamblaje definitivo con el público argentino, confirmando así el romance con el país y dejando las puertas abiertas para un posible reencuentro: “Los amamos y nos vemos la próxima”.

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Foto principal: Catalina Almada.