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“¿Así que este muchachito blanco nacido en 1979 y con pinta de hipster me va a venir a enseñar sobre soul?” Probablemente más de algún escéptico se haya hecho esa pregunta al ver el afiche que anunciaba el concierto de Mayer Hawthorne en Niceto, y tras leer la descripción del evento en donde se mencionaban sus influencias musicales. Los que sabían de quién se trataba, en cambio, entendieron que la cita era obligada.

El joven crooner de falsete acaramelado a lo Smokey Robinson es en realidad Andrew Mayer Cohen, y el chispazo que terminaría convirtiéndolo en el nuevo niño mimado del blue-eyed soul, sucedió casi sin quererlo. Mientras calentaba pistas de baile bajo su alias hiphopero DJ Haircut, se le ocurrió que grabar sus propias canciones para luego samplearlas podía ser una buena idea. Y vaya si lo fue; ya que gracias a esta iniciativa, un demo llegó a manos de Peanut Butter Wolf, mandamás del prestigioso sello angelino Stones Throw, quien no cabía en su asombro al descubrir que no se trataba de viejos clásicos de soul regrabados sino de composiciones nuevas, y que además, el entonces treintañero Hawthorne había grabado todos los instrumentos. El resultado: de inmediato le propuso editar lo que sería su disco debut, el celebrado A Strange Arrangement (2009).

Foto: Diego Hómez

Nacido y criado en las afueras de Detroit pero radicado desde 2005 en Los Ángeles, este acuariano no sólo sintoniza a la perfección la espontánea majestuosidad de a la era dorada de Motown y reconoce como grandes influencias a Curtis Mayfield y Barry White, sino que su paleta sonora es tan sofisticada, que incluso dialoga con el yacht rock de Hall & Oates y Steely Dan. Todo esto pasado por el tamiz del hip-hop, y en ocasiones, hasta agrega una pizca de reggae. Suena ambicioso, pero nada es demasiado para un nerd musical que además tuvo la suerte de crecer en Ann Arbor, a pasos nomás de la cuna misma del soul, y a quien de niño, sus padres le regalaban discos en vez de juguetes.

“El que es melómano no se lo va a querer perder”, especulaba un fan en la puerta acerca de la convocatoria; y si bien es cierto, afortunadamente, el público que arengó a este clásico tan moderno en su segunda visita a nuestro país el martes 23 de enero, estuvo compuesto por una saludable combinación de entendidos, fanáticos y curiosos, todos en busca de una buena dosis de groove.

La encargada de abrir el juego fue “Genie”, compuesta junto al DJ y productor francés Busy P -también cabeza del sello Ed Banger-, y casi sin dar respiro le siguió “Time for Love”, incluida en su single de 2016, “Party of One”. “Back Seat Lover” además de evocar a Steely Dan y a pura honra (“Si están familiarizados conmigo o con mi música, sabrán que este es un día duro; Steely Dan es a todo lo que aspiro cada vez que escribo una canción”, twitteaba Mayer en septiembre del año pasado, desconsolado tras el fallecimiento del guitarrista Walter Becker) fue la primera en sacar a relucir Where Does This Door Go?, ese álbum de 2013 que supo dividir las aguas provocando que los fanáticos más fundamentalistas fruncieran el ceño ante su decisión de ir un poco más allá del sonido Motown.

Foto: Diego Hómez
Foto: Diego Hómez

Desde ya que plantarse sobre un escenario no debe resultar ajeno para alguien que giró alrededor del mundo junto a pesos pesados como Bruno Mars, Erykah Badu o la mismísima Amy Winehouse durante su último tour; pero lo cierto es que los seis años transcurridos desde su anterior visita impactaron positivamente en su performance, y esta vez Hawthorne mostró ser un frontman consumado, fiel a su espíritu arengador y a su público, con quien la interacción se mantuvo al 110%.

Para reflexionar sobre la soltería en clave upbeat llegó “Finally Falling”, que forma parte de su segundo trabajo How Do You Do (2011), y el fragmento de “Chase The Devil” funcionó como preámbulo perfecto para el aire a The Police que trajo “Fancy Clothes”, incluida en su más reciente lanzamiento Man About Town.

Después, llegó la hora de presentar credenciales: “¡Hagan algo de ruido los que vieron a Mayer Hawthorne antes de esta noche!”, desafió al público, “¡y ahora, hagan ruido si éste es su primer show!”.

Foto: Diego Hómez
Foto: Diego Hómez

El baile es otro aspecto al que este artesano del soul le estuvo poniendo fichas durante este último tiempo, y cuando “Designer Drug” cerró con una coreo conjunta, la postal se transformó en una instagrameable inmediata.

Luego de que Mayer interactuara una vez más con su vaso de cognac (acción que se convertiría en uno de los leitmotivs de la noche) llegó el turno de “No Strings”, junto con la presentación formal de su tecladista tras un largo solo, y la siguiente parada sería “Tuxedo“, ese proyecto paralelo al que él mismo define como “elegant funk”, y con el que acaba de editar su segundo álbum de estudio. De esta apuesta interpretó “July” y más tarde llegaría también “Do It”.

I Wish It Would Rain”, aparte del guiño a The Temptations y de sacarle brillo al potencial vocal de Hawthorne, lo encontró prolijamente trajeado en color gris y luciendo gafas de intelectual; sin duda un gesto muy costelliano. Mientras entonaba su mejor falsete bajo un paraguas gigante, el público encontraba el momento perfecto para otra Instagram story.

Foto: Diego Hómez
Foto: Diego Hómez

“¿Les gusta la música extraña? ¿Está bien si me pongo un poco raro?”, adelantó antes de despacharse con la cadenciosa “Green Eyed Love” (por cierto, la letra no alude precisamente al Absenta que se toma en el video…), y la esperada “Just Ain’t Gonna Work Out” condujo a la recta final del show. “La que sigue, es la mejor canción que haya escrito”, dijo como introducción a “Lingerie & Candlewax”, y modestia aparte, bien podría estar en lo cierto.

Luego del cover de “Walk This Way”, el público tuvo la chance de demostrar lo bien que se aprendió la letra de “The Walk” -que a esa altura ya se estaba haciendo desear-, y no la desaprovechó. “Her Favourite Song” fue la encargada del cierre y para los bises, ovación mediante, las elegidas fueron “Maybe So, Maybe No” y “Henny & Gingerale”. Si algo faltaba para potenciar el momento apoteósico, mientras el violero aterrizaba de rodillas sobre el escenario y Mayer arrojaba su pañuelo a la audiencia al tiempo que alzaba su copa para brindar por enésima vez a su salud, era que éste dijera las palabras mágicas: “Quiero agradecerles por ser el mejor público del tour”. Independientemente de cuánta verdad haya en el cumplido, quedó comprobado que el hipster-soul llegó para quedarse; y si esto es lo que tiene para ofrecer, sería un pecado no recibirlo con los brazos abiertos.

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Foto principal: Diego Hómez.