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Este espectáculo contiene escenas de violencia explícita que pueden herir sensibilidades.

Ésa era la leyenda del disclaimer de los Militantes del Clímax sobre el show que darían en La Trastienda el día anterior a Nochebuena, titulado “El Retorno de G-sus” (remake, puesto que era una puesta en escena que habían encarado cuatro años antes). Nuestro relato tiene su propio disclaimer: esta crónica contiene descripciones violentas, lenguaje inapropiado, escepticismo frente a la religión y postura de radical reivindicación del significado de la Navidad.

Como en mayo para su octavo cumpleaños —el cual califiqué como el mejor toque clímax de la historia— los militantes eligieron San Telmo para su celebración. Minutos antes de empezar, me encontraba con El Abuelo A.K.A. el Atorrante, cantante del grupo, que me decía que estaban un poquito nerviosos porque acababan de terminar los diálogos del acto. Le sonreí y le dije que todo saldría bien —como siempre—, ¡y vaya que así fue!

Minutos después de las nueve, Oráculo (Frank, quien lidera las intervenciones teatrales) se asomó delante del telón para dar un discurso bastante épico, incluso para un seguidor de los clímax: “(…) la salvación vino en un plato volador del que se bajó Bergoglio re duro y dijo que para alcanzar la fama uno de nosotros le tenía que entregar el orto; juramos nunca contar que fue Sanchez el que lo hizo (…)”; y explotamos en risas.

Foto: Clari Nogueira

Cuando se abrió el telón un coro góspel musicalizó la aparición de los militantes y sus extravagantes atuendos: Ratman (saxo) de vaquero, Johnny (trompeta) lucía túnica de cura, Fede (bajo) en corpiño y velo de monja, similar Tony (Sanchez, batería) y Diego (guitarrista de Banzai FC que realiza una suplencia clímax) con un traje de monje tibetano. Una concha gigante parió en vivo a G-sus (interpretado por Andrés Russo) y, junto a Oráculo, sirvieron vasos con Termidor y los regalaron entre la gente. Luego de tanta dramaturgia y con la gente expectante, el Atorrante asomó y se puso a cantar: “Chinatown Battle” abrió el setlist a puro “salto-salto patada y codo” seguido del instrumental “Maradonna Caniggia” para abrochar el quilombo.

Foto: Clari Nogueira
Foto: Clari Nogueira

El segundo acto empezaba con Frank interpretando al personaje de Mirtha (una vieja Legrand cualquiera) y celebrando un ajuste de cuentas con G-sus: “La producción me dice que cuando matamos a alguien famoso se eleva su poder de marketing”. Más tarde, el mesías del clímax también nos dejaría una máxima: “Si María hubiese abortado, ¿cuántas vidas se hubieran salvado?” Mientras esto ocurría, un viejo amigo volvía a la escena: Chiky do Castle —quien interpretó a Buda en el séptimo cumpleaños militante, celebrado en Niceto, arrojando vino en tubitos y haciendo trencito con el público— ingresó atado en silla de ruedas, con ricitos dorados y smartphone en mano. Era la hija de Calígula, el malévolo rey (apodo tomado de Julio César). El nivel de sátira opacaba a cualquier noche lisérgica.

Foto: Clari Nogueira

Militantes se formó con dos Master of Ceremonies, comúnmente denominados MCs, nombre que se le da a los dueños de las rimas en una banda de hip-hop; este año, por motivos desconocidos, el Negrito Jumpal dio un paso al costado y, con él, sus rimas dejaron de ser cantadas en vivo (cada MC es dueño de sus frases). Así y todo, cuando llegó el turno de “Hit Hot” la gente se acordó y cantó enteros los grandes versos: “Solo quiero estar con vos, llevarte en mi nave por los portales del espacio, chuparte bien la concha en el palacio, hacerte el amor fumando flores (…) reina, solo un Dios está a tu alcance”. Los fans se miraban unos a otros, entre emocionados y pícaros cómplices.

Además de la cantidad de condimentos teatrales, los Clímax tienen la bella costumbre de incorporar otras artes al espectáculo: las B-Girls Cielo y Caro Moreno dramatizaron una batalla entre Calígula y G-sus a puro baile, también tuvo su espacio el B-Boy Jonny The Kid; estos B-seres no son otra cosa que los acróbatas-bailarines de la cultura hiphopera, capaces de realizar monólogos o batirse a duelo con sus pasos: exceso de estilo en la pista.

Foto: Clari Nogueira

Si hablamos de invitados, no podemos dejar fuera a Under Mc y el Enano Alex, que vinieron (como ya es un clásico) para cantar “El Triple”, tema grabado en el estudio de Vorterix. “Pocos tenemos la posibilidad de saber lo que pasa en otro lado, pero acá tenemos un hermano que viene a contar lo que pasa en Venezuela en primera persona” fueron las palabras del Abuelo para introducir a Yema Ice, que, como todo el año, se sumó para tocar un tema propio que a los Clímax les gusta mucho: “My Ghetto”.

Después de tanto alboroto, el Abuelo dio un discurso de agradecimiento, diciendo que nada serían sin su público, que gracias a quienes asistían podían hacer todo esto y que ese era un regalo inmenso; lejos de la demagogia con la que les gusta jugar en escena, el hombre estaba extremadamente conmovido. Acto seguido se retiró y siguieron grandes canciones instrumentales que decantaron en un híbrido entre pogo entusiasta y baile alocado; cuando nos quisimos dar cuenta, vimos que el MC estaba saltando en el medio de la gente y comenzó lo inevitable: lo saludamos, lo abrazamos, lo festejamos, le devolvimos sus gracias con creces y ratificamos una vez más que elegimos esta militancia del clímax apostando al cambio, revolucionando la revolución usando como arma el sonido.

Luka Matias Santo se sumó en el mic para cantarle a la corrupta autoridad: “la policía vende cocaína esto no es apología” se repitió una y otra vez, en cada ocasión más fuerte que en la anterior. Conmovía ver como la enorme cantidad de invitados que convivían detrás de escena no podían evitar cantar y bailar desde los costados del escenario: todos viven esta fiesta, nadie puede quedarse quieto siquiera en su descanso.

El cuarto y último acto tuvo nuevamente al coro góspel de fondo y esta vez Frank interpretó a Calígula atado a una silla de ruedas, con la boca tapada y pecaminosamente embarazado: a diferencia del primer especial de G-sus, cuatro años antes, en el final no hubo una muerte: al perverso rey se le dio una opción, parir o abortar. Cuando liberaron sus labios, un grito histérico confirmó lo que esperábamos; es así que G-sus tomó la posta y dijo que el nuevo significado de la Navidad era el del día del aborto seguro, legal y gratuito que todos se merecen, y La Trastienda explotó en vítores que se transformaron en silbidos cuando agentes de policía se llevaron a los artistas y el telón se cerró.

Foto: Clari Nogueira

Este cierre de telón era el final del espectáculo —los testimonios del flamante sonidista Jony Vainberg lo avalan— pero la emoción pudo más y de nuevo se asomó Benja (el Abuelo) para brindar por toda la gente que acompaña a la banda, a los viejos y a los nuevos. Más tarde, en el bar seleccionado como after por los músicos, Ratman se sentaba en nuestra mesa (sin tener idea quién era yo) para preguntarnos si la habíamos pasado bien y de dónde éramos. Humildad, risas, bailes, música, teatro, derechos humanos, rapjazzsolofunk: con ustedes los Militantes del Clímax.

El próximo sábado 30 de diciembre la banda cierra el año con una fiesta en Beatflow (Av. Córdoba 5509, CABA). Las entradas se consiguen por $200 exclusivamente en las boleterías del local. Evento en Facebook.

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Foto principal: Clari Nogueira.