Una anomalía es una irregularidad. Algo (algo) extraño y fuera de regla que, por el peso de su propia singularidad, a veces suele poner en tela de juicio o forzar los márgenes de interpretación de ese sexto sentido que conocemos como el sentido común. Para los amantes del orden una anomalía puede significar una desviación, una malformación o una deformación, es decir: algo que escapa al deseo (de orden, de belleza, de seguridad), algo que lo interrumpe y altera la zona de confort que prescribe y, por ende, algo que debe ser acallado para que las cosas sigan su rumbo. Desde otra óptica –como la de Darwin o el profesor Charles Xavier, por ejemplo– la rareza que implica una anomalía puede suponer un cambio, una transformación y, por qué no, un pequeño salto evolutivo.

¿Sirve este preámbulo para hablar del sonido de un conjunto de bandas?

Sin dudas. Porque cuando uno escucha la música de las bandas que integran el colectivo Anomalía –Hungría, Defórmica, KJJJJJJJJJ, Diente de Oro, Malviaje y Archipiélagos– lo primero que se percibe es esa sensación de rareza, extrañamiento e incomodidad: hay algo que no cierra… no en el sentido de que no guste, sino en el sentido de que no se puede explicar o etiquetar con facilidad.

Situados en una especie de falla sonora entre varios géneros de por sí imprecisos (post-rock, post-hardcore, math rock), todas estas bandas apuestan por el formato instrumental y se alejan de las –muchas veces evidentes– estructuras y dogmas de la canción que resulta dominante en muchos de los subgéneros que integran el universo del pop y el rock.

Más allá de que existen matices y diferencias entre cada proyecto, en todos los casos la impronta instrumental propicia un estado de escucha donde la libertad y la abstracción permiten experimentar una gran variedad de sensaciones.

Aunque no hay dudas de que los músicos de estas bandas se destacan por su pericia técnica –son músicos que verdaderamente saben tocar-, no hay una perspectiva con ínfulas de sinfonismo o que caiga en el delirium tremens de ciertas improvisaciones jazzeras. No es una música pedante o desmedida en sus ambiciones. Al contrario, se nota que el ejercicio de composición es fluido y descontracturado, y que sus recursos -cambios rítmicos, cortes, diferencias de matices, armonizaciones– forman parte de una búsqueda que no deja de inspirarse en la visceralidad, la intuición y la inmediatez de la experiencia rockera. Esa diferencia de carácter hace que la escucha no se torne exigente (es decir: que no haya que hacer un esfuerzo o disponer de ciertos conocimientos o formaciones para poder apreciarla). Digamos: es música instrumental que pasa como trompada.

Puesto en el contexto de otras cosas que suceden dentro de la escena porteña, me parece importante destacar la originalidad, la diversidad y la coherencia estética de este pequeño colectivo artístico. Y si están con ganas de experimentar y adentrarse más allá de las fronteras del rock tradicional, los invito a que aprovechen la posibilidad que les brinda el Festival Anomalía.

El Festival tendrá lugar hoy a partir de las 21 hs en el Centro Cultural Matienzo (Pringles 1249, CABA). Evento en Facebook.