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Fotografías: Hernán Cabrera

Quizás algunos dirían que la fría noche del sábado 12 de abril estaba para sentarse cómodamente, cubrirse con una mantita y oír las acústicas y dulces canciones que Coiffeur nos regaló por años. Podríamos estar de acuerdo, pero la realidad es que todos hemos cambiado y Guille (a.k.a Coiffeur) no ha sido la excepción. Alejándose de las canciones puramente acústicas, con guiños folk y el estilo más desaliñado, Coiffeur presentó esa noche La Conquista de lo Inútil, su cuarto disco de larga duración en el que juega y experimenta con ritmos electrónicos bailables con ayuda de beats, sintetizadores y el clásico timbre de teclado encargado de realizar las pegadizas frases infaltables en el pop electrónico.

A las 21.45 se abre el telón del Samsung Studio y vemos a Coiffeur con su guitarra eléctrica color verde agua, zapatitos rojos y prolijamente vestido de negro (incuido un gran sombrero del mismo color) acompañado por su banda compuesta por Federico Chiclana en sintetizadores, Luciano Carbone en batería y Fernando Radl en percusión. El público está de pie, no hay sillas, no hay mantitas; hay gente en remera con cerveza en la mano dispuesta a que su noche sea una fiesta. El show comienza con “Guarida“, primer track del disco y los asistentes no dudamos en darle rienda suelta a nuestro baile. Con sonidos atmosféricos y efectos en la voz que el mismo Coiffeur va manejando en la computadora que tiene a su lado, los temas suenan aireosos, grandes, sin techo, nos hace sentido ahora el arte del disco en el que vemos al chico del oeste flotando sin zapatos en el medio de la nada.

La búsqueda de sonidos más electrónicos se había insinuado en Nada, EP lanzado en 2012 bajo el ala de Quemasucabeza, sello chileno que tiene entre sus artistas a Gepe y a Javiera Mena, ambos músicos que, así como Coiffeur, también han ido mutando su estilo de manera sincera hasta encontrar la comodidad del momento.

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Coiffeur conoce a su público y no nos deja sin escuchar algunas de sus canciones de antaño, claro que renovadas y bajo su estilo actual. Somos testigos y disfrutamos entonces de “De Vos Conmigo“, “Crujen” y “Al Oído“, tracks incluidos en el disco homónimo lanzado en 2005, y de “En La Frontera” y “Vuelvas a Casa“, incluidos en No Es (2006). El público canta y baila con ojos cerrados los temas, situación que hubiese sido curiosa tal vez hace unos años atrás cuando el máximo movimiento exterior que uno realizaba escuchando, por ejemplo, No Es, era mover la patita marcando el metro de la canción y la cabeza de un lado a otro cual perrito que mueve la cola cuando le demuestran afecto. Hoy por hoy bailamos; bailamos y hay humo que sale desde el escenario y luces de colores que se encienden y se apagan a altas velocidades. Hoy por hoy bailamos porque un Coiffeur querible y tímido nos está haciendo un show de música electro-pop con banda en vivo y se está arriesgando por lo que siente bailando y tocando la guitarra cuando cree pertinente; bailamos porque nos están regalando íntimas letras que a la vez parecemos compartir todos y las frases flotan y dan vueltas por el lugar y por nuestro cuerpo entero.

El viaje por el que nos llevó Coiffeur tuvo paradas en casi todos los momentos de su carrera, siempre con una visión actual, respetando el momento musical en el que se encuentra actualmente. La contradicción y el cambio es propio del ser humano, y la irresponsabilidad emocional de la que nos habló hace dos años atrás en “Armar la cama es un recuerdo” (Nada, 2012) junto al amor dulce y mimoso proyectado en sus primeros dos discos y la construcción de imágenes abstractas que surgen de su última placa y que tratan de reflejar netamente sentimientos que todos hemos sentido alguna vez, hicieron de la hora y media que duró el show de Coiffeur en Samsung Studio un momento de liberación para todos; una fiesta electro-pop diferente, sincera, transparente, volátil, fiesta que concluyó con Coiffeur sólo con su guitarra criolla cantándonos “Mala Suerte” de la misma manera que la conocimos hace 8 años atrás, nostálgico regalo que la gente coreó a más no poder, rompiéndose el ambiente electrónico pero manifestándose el cariño por el pasado que aún está; algo así como volver a lo mismo sin ser lo mismo.

Coiffeur salió de su guarida, ocupó el lugar en el que se siente a gusto hoy y nos presentó a su nuevo hijo y es una fiesta; una fiesta profundamente melancólica, pero fiesta al fin, ¿quién no se hizo un festín con el dolor?, es mejor así, disfrutemos todo.

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