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Fotografías: Javier López Uriburu

Lafechamásemocionantedelmundo

A veces el mundo parece ser un lugar inhóspito en el que hacer lo que uno realmente disfruta puede complicarse y dejar a los sueños estancados ahí, justo detrás de nuestras pupilas. El precio de vivir en un mundo eternamente apresurado y careta es muchísimo mayor que el de los billetes que se le pagan al dueño del piso que estás alquilando o todos los dos pesos con setenta del bondi que te gastas por semanas, meses, años. El calificativo de vago que te ganaste por pasarte la tarde tocando la guitarra al son de unas birras con tus amigos no te lo quita nadie, pero hoy en día a quién le importa, habiendo tantos lentes distintos sea lo que sea que hagas para algunos serás por siempre un holgazán y para otros, un groso. En fin, con o sin birra, la opción de arriesgarse siguiendo y confiando en lo que brota con honestidad desde adentro siempre está, y bandas como Julio y Agosto o movidas autogestivas como Monqui Albino (sello discográfico independiente que abraza a bandas como Pequeña Orquesta de Trovadores, Julio & Agosto, Ivo Ferrer & Los Tremendos, Las Fuleras, etc.) nos acercan a esta realidad. Las ideas, los proyectos y las canciones -por más pequeñas que puedan parecer- tienen pies gigantes y pueden dar enormes saltos cuando son impulsadas por el corazón y abrazadas por manos ansiosas de estrecharse con otras. Una realidad indiscutible es que la satisfacción de estar cumpliendo sueños es única, y la presentación de Pequeña Orquesta de Trovadores y Julio y Agosto la noche del 6 de junio en el teatro ND Ateneo dio una lección acerca de todo esto, demostrando cómo humildes proyectos realizados entre amigos pueden crecer sin límites y pintar cientos de sonrisas sin la ayuda de adinerados magnates.

La escena musical independiente tiene material para todos los gustos, es sólo cuestión de buscar y emergen de inmediato estéticas y sonidos diversos para acariciar los sentidos sin estar regalándole plata a grandes empresas a las que poco y nada les importa fomentar la sensibilidad artística. Son muchas las casitas de Capital que noche tras noche se visten de centro cultural y refugian a quienes ansían compartir su música de una manera más cercana que incluya un ir y venir entre creador-espectador; una especie de reunión entre amigos-desconocidos con show, vinito y personajes llenos de magia, todo en uno. De esta escena -que muchos deben creer que es pequeña, pero la realidad es que son muchas manos trabajando- surgen bandas como Pequeña Orquesta de Trovadores y Julio y Agosto, ambas con una línea que apuesta por las canciones con melodías súper pregnantes acolchonadas por un sonido acústico que cruza el folk y el indie. Con una trayectoria repleta de shows en lugares más bien pequeños y a partir del boca en boca y del hoy poderoso Like en facebook, estas bandas fueron tomando vuelo y arriesgándose por y para sus proyectos, organizando “Lafechamásemocionantedelmundo“, fecha que se publicitaba con afiches llenos de colores que empapelaban la ciudad y que dejaban atrás por un momento el famoso “pedí la dirección por inbox”.

Llegó el día y el escenario del Teatro ND se disfrazaba de feria campestre con fardos de paja, banderines y bombillas de colores que lo enmarcaban, dándole el toque rústico que se doblaría luego con la música. El show comenzó a las 21.30 con Pequeña Orquesta de Trovadores, quienes jugaron sobre el escenario con la dulzura de sus melodías, los géneros diversos con los que se atreven a dialogar y la energía puesta en marcha que generó una amable y animosa respuesta por parte del público. Con su disco homónimo bajo el brazo, la banda compuesta por Santiago Azpiri, Martín D’Adamo, Agustín Yabra, Diego Rodríguez, Francisco Paz y Verónica Gerez (chica que sobresalió gracias a su entusiasmo y carisma, hay que decirlo) repasó en cincuenta minutos los temas incluidos en esa placa y adelantó algunos de los que irán en su próximo trabajo. Con un trombón y una trompeta de invitados, Pequeña Orquesta de Trovadores busca nuevos colores explorando con el cruce de instrumentos que le brinda una personalidad diferente a cada composición. Sencillas canciones con bellos arreglos denotan el delicado tratamiento que le da la banda a su música, la cual transita por ritmos de diversos lugares y tiempos que se encuentran en un sólo espacio y que hicieron -a pesar de los problemas de sonido que interrumpían de tanto en tanto alguna linda melodía-que las cabezas de los asistentes no dejaran de moverse de un lado en otro en un amoroso vaivén musical.

Luego de un intermedio de veinte minutos recibimos en escena a Julio y Agosto, quienes acompañados por divertidas proyecciones dieron comienzo a su show con el tema “Go sailing” a eso de las 22.40. Gracias a sus discos Julio y Agosto (2011) y El ritmo de las cosas (2013), las canciones eran conocidas y susurradas por el público que en su mayoría se notaba emocionado por ver a la banda en un lugar de esas proporciones, sentimiento que obviamente también provenía de los músicos y de su enérgica entrega sobre el escenario. La prolijidad de la interpretación en conjunto con el humor y la soltura con la que los integrantes de Julio y Agosto se desenvuelven genera un clima íntimo y cercano que invita a los asistentes a entrar en un universo cuasi bipolar en el que reír y llorar al mismo tiempo está permitido, saltando de temas más bien juguetones como “Zombis” a otros cubiertos de una nostalgia folclórica como “El baile” (tema que en vivo fue interpretado por Santiago Adano y Guido Gromadzyn, ex violinista de la banda) para luego entrar en una onda más jodona al cantarnos dulcemente y a coro que se gastan toda la plata en alcohol o narrarnos la patética historia del adefecio Heracio Enríquez, tema que por su swing nos recuerda a lo grandioso que nos regaló Óscar Alemán alguna vez. A pesar de que el volumen del teatro estaba algo bajo y no permitió que la música envolviera por completo el ambiente, el show de la mini orquesta de bellas canciones, simples atuendos y simpáticos dibujos cautivó a quienes los vieron nacer e ir transformando las piedras del camino en tiernos versos para recordar: “Con tantas ataduras, no podés volar. Con miedo a equivocarte, no te podés equivocar. Con las manos llenas, no hay por qué arriesgar…“. Seguro todos los Monqui Albino escucharon este tema aún sin haber sido escrito.

Poco antes de la medianoche y al ritmo de “Del viso” (tema que cierra el disco El ritmo de las cosas) se presentaron ambas bandas emocionadas sobre el escenario agradeciendo a diestra y siniestra el trabajo, la colaboración y la asistencia que fue puesta para, por y en el show. Cantando la pegadiza melodía del tema en cuestión, los músicos bajaron del escenario y siguieron la fiesta en el hall del ND Ateneo, con el público encima y la energía concentrada en un sólo lugar con la eterna misión de seguir transmitiéndose. Pequeña orquesta de trovadores y Julio y Agosto llenaron de alegría el ND, un paso importante que demuestra que esto recién empieza.