Espacio Publicitario es un pequeño programa de YouTube realizado por Jaime James, más conocido ahora como Louta y en la cámara y edición Conrado Ares. El programa consistía en lo que ellos mismos catalogaron como “verborragia audiovisual”: salir a filmar por algún barrio a elección. San Telmo, Colegiales, Saavedra, el puerto, no importaba cuál sea, sino que lo que importaba era el recorrido, el caminar y encontrar qué filmar sin saber cuál podía ser el reto. Sin guión, dispuestos a sorprenderse con aquel fruto que da el azar bajo el sol que quema el asfalto en un febrero en capital. Conrado todo el tiempo filmando, mientras Jaime hacía de las suyas mezclando el humor de un delirio transpirado con la profundidad, ya sea emocional o de interés cultural.

Las entrevistas iban desde anécdotas personales de cualquier personaje que se cruzara en su camino, dando a conocer a importantes individuos que el cine parece nunca haberse fijado. Cualquier persona cuando ve una cámara se intimida o intenta aprovechar su oportunidad: acá la gente parece disfrutar desnudando la poca cordura que hay en lo cotidiano. Jaime desvaría con temas al azar llevando la estrategia de tirar lo que le surge, de dar al diálogo una fluidez de una conversación coherente para luego romper la lógica y abrirle la puerta al absurdo; cnvirtiendo a la opinión pública en un espacio publicitario en el mercado del día.

Un día de filmación, un día de edición y los jueves a YouTube. El mayor reto era en el montaje, donde se encontraban con horas y horas de material y todo eso tenía que ser resumido a los 8 minutos de duración del programa. Pero en el montaje es donde se encuentra el ritmo y las sorpresas de la jornada, porque el sueño de un peluquero no es cambiarle el look a Cristina, sino ser estrella de rock.

El baile era algo que no podía faltar. Jaime bailaba por todos lados, bailaba sin música para después elegirle la canción en montaje, baila en el subte, en el mercado, en la calle, en una cancha en pleno partido, la gente lo mira extraño, otros se prenden a bailar con él, y si sus bailes son extravagantes con la edición encima, imaginen cuánto más era encontrarse con ellos. La cosa era salir a buscar esa tuerquita floja que tiene la solidez de una tarde y al caerse al suelo todo pierde un poco el control.