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Foto: Vivian Zink/NBC

Hace muy poco FX compartió un estudio en el que confirmaba que durante el 2017 en la pantalla norteamericana estrenaron un total de 487 series. Un número que en sí mismo quizá no significa demasiado pero cuando empezamos a entenderlo en contexto toma verdadera magnitud: aquellas 487 producciones implican 32 series más que en 2016 y casi 200 más que en 2012.

En este escenario de expansión, la elección sobre qué series seguir se convierte en una tarea en sí misma en donde la diversidad de propuestas o temáticas son un valor agregado que pueden terminar definiendo si miramos o no dicha producción. Pero junto a esto también empezamos a ver cómo géneros que, tradicionalmente, fueron desvalorizados toman un nuevo vuelo y relevancia dentro de la pantalla chica. Uno de los mejores ejemplos de este fenómeno es el exitoso drama familiar This Is Us, el cual no sólo hizo un gran trabajo de revalorización sino que también demostró que este tipo de shows todavía tiene muchas historias por contar.

Por si es la primera vez que escuchás hablar de esta serie

Creada por Dan Fogelman (Crazy, Stupid, Love y Danny Collins), This Is Us fue anunciada sin mucha pompa durante los upfronts del 2016 y su sinopsis no solo era breve sino que contenía muy poca información. De hecho lo único que NBC comunicó sobre la serie fue que la historia se enfocaba en un grupo de personas que cumplían años el mismo día y anunciaba que su conexión iría un poco más allá.

Pero fue en el estreno de su primer episodio cuando descubrimos qué significaba ese resumen realmente. Centrándose en los Pearson, una familia norteamericana de clase media, conocemos a sus integrantes a lo largo de cuatro épocas diferentes: Jack (Milo Ventimiglia) y Rebecca (Mandy Moore) como joven pareja y la niñez, adolescencia y adultez de sus tres hijos: Randall (Sterling K. Brown), Kate (Chrissy Metz) y Kevin (Justin Hartley). Estructurada como un relato coral, acompañamos a cada uno de los personajes en sus historias de vida individuales (adicciones, carreras laborales, crisis existenciales, pérdidas o enamorarse) como aquellas situaciones a las cuales deben hacer frente como familia. Con un total de dos temporadas (la segunda, actualmente en emisión) en donde vemos cómo este grupo enfrenta y avanza en su vida; esta producción llegó a la pantalla de Latinoamérica a través de FOX y, en Argentina, está disponible en FOX play, flow y Amazon Studios.

Algo más que pañuelitos y lágrimas

Aunque es claro que se trata de una serie que logra que sus espectadores se vean a sí mismos llorando frente a la pantalla, es interesante comprender el fenómeno de This Is Us un poco más allá del romanticismo y melancolía que una producción de este estilo puede generar.

Como fenómeno cultural en un momento particular de la historia norteamericana (y mundial) que se caracteriza por los constantes mensajes de odio y segmentación tanto en medios como en redes sociales; la verdadera pregunta es ¿por qué es importante que This Is Us exista y sea una de las ficciones más vistas en el mundo?

Romper con las estructuras y estereotipos (individuales y familiares). Si bien es cierto que en los últimos dos años hubo grandes cambios en la ficción y que, a partir de algunos movimientos sociales, se desnaturalizaron muchos estereotipos que eran aceptados, es interesante ver cómo This Is Us hizo sigue haciendo un gran aporte a este debate. Sin estigmatizar ni crear fantasmas, dio lugar a personajes con los cuales es muy fácil conectar y que responden a nuevas formas de pensar. En este sentido uno de los puntos más relevantes es la estructura familiar que se propone en el show; en donde Jack se aleja de la figura del simple proveedor económico y personifica un tipo de paternidad más involucrada en la crianza de sus hijos y los aspectos emocionales de sus relaciones. En contraparte es difícil no destacar cómo Rebecca se define constantemente como una madre que “siempre tuvo que intentarlo”, rompiendo así con aquella idea mágica de la maternidad en donde todo se construye desde el instinto y como si se tratara de un llamado de la naturaleza. Con esto lo más importante es que ninguna de las dos figuras trabaja en detrimento de la otra sino que ambos roles se diversifican, coordinan y se establecen dando una fotografía general que, alejada de ser perfecta, termina siendo mucho más equitativa. Y es este mismo trabajo el que se realiza con otras temáticas como la adopción, la obesidad, la fama o el éxito laboral.

Foto: Vivian Zink/NBC

No solo hablar de diversidad y aceptación. Ya desde el elenco (y las historias que personifican) vemos cómo This Is Us buscó involucrarse en los debates sobre la diversidad y la lucha contra la segmentación. Trabajando en primera persona la situación de la discriminación hacia afroamericanos y a las personas que sufren obesidad, lo que es aún más interesante es que no solo propone un mensaje de aceptación sino que también se permite poner sobre la mesa las dificultades, desafíos e inseguridades que surgen a partir de ciertas situaciones o determinados momentos de la vida. En la búsqueda de dar un ejemplo simple, podemos hablar de la situación de Randall para quien ser adoptado por una familia blanca representó un enorme desafío, búsqueda de su propia identidad y cultura, así como enfrentar situaciones de discriminación. Pero la historia no se queda solo ahí sino que además suman la perspectiva de los padres, aquellas personas blancas que lo adopta, el aprendizaje que hacen y las búsquedas que también tienen para apoyar y empoderar a su hijo. Este mismo recorrido es realizado alrededor de la problemática de obesidad, el alcoholismo o adicción a ansiolíticos que los diferentes personajes.

Real, posible y alcanzable. Otro de los enormes desafíos que logra superar This Is Us es que el universo que construye es realista y muy alejado del ideal de lo que, por ejemplo, se refiere a una familia perfecta o con vidas magníficas. Logrando hacer esto sin construir un mundo de perdición en donde, en contraposición, todo se construye desde la destrucción, el abuso o la oscuridad. Entonces al enfrentar a los personajes a problemáticas y desafíos realistas, con los cuales el espectador también se puede sentir relacionado de una manera muy íntima, logra difundir mensajes con mucho poder, que educan y que mantienen los pies sobre la tierra, así como dar visibilidad a las cosas que deben cambiar y podemos transformar. En este sentido es fundamental tener ficciones que no sólo hacen visibles problemáticas y la necesidad de cambios de paradigma sino también aquellas que construyen escenarios diversos y trabajan sobre los posibles.

Foto: Ron Batzdorff/NBC

Permitirnos historias que nos conecten con las emociones. En la pantalla actual de la televisión son tan importantes las series que tienen un claro mensaje político y social, como aquellas que tienen un fuerte contenido emocional y nos invitan a conectarnos con nuestro lado menos racional. Y aunque esto parezca una idea simple, su simpleza no la hace perder fortaleza porque, sin sumar connotación negativa, podemos describir la actual forma de relacionarnos diciendo que nos vemos envueltos en una hiperconexión mediática y una obvia desconexión humana y en la cual parece que que nos sumergimos en un mundo de bienes materiales. En este sentido llorar o reirnos con las experiencia de vida de un personaje ficcional, con experiencias simples de una vida cotidiana también permiten llevar aquella emotividad hacia la vida propia como permitirnos conectarnos internamente con sentimientos que parecen vedados por el mundo moderno.