Foto: Gastón Malgieri

“(…) No importa el final
sino el adentro:
esta ceniza,
estos huesos
esta flor manchada
sin atenuantes”

De “Exilium” | María Negroni. Ediciones Vaso Roto Poesía (2016)

“La idea de trabajar con los textos de Tenneesse Williams retoma un poco algo que quedó latente mientras cursaba el Seminario Jolie Libois. En segundo año hicimos, con otrxs alumnxs, pequeñas escenas a partir de textos de Williams, de fragmentos de sus obras, de algunas obras a las que en particular no había tenido acceso antes, más allá de “Un tranvía llamado deseo” o “La gata sobre el tejado de zinc caliente” o “El zoo de cristal”. Y entonces aparecen “Advertencias para barcos pequeños” y “Súbitamente el último verano”, entre otras. Lo que me impacta de su dramaturgia es la poética que encierran, pero también cierta cotidianidad dentro de su entorno. Me refiero a su momento histórico, a la lectura que hace de “lo íntimo” en su contexto temporal”.

La que habla es Eugenia Hadandoniou. Actriz, productora, dramaturga, directora y docente teatral nacida en Villa Mercedes (San Luis), establecida hace varios años en la Ciudad de Córdoba. Acaba de estrenar Inside Me, su nueva obra basada las memorias de Tenesee Williams y en varios de sus más reconocidos textos. Eugenia habla con todo el cuerpo. Nos separa una mesa pequeña, rebalsada de cosas. Dulces, tazas, jugos. Merendamos mientras intercambiamos gestos cómplices y anécdotas. Pero enseguida vuelve a Williams. Ella comanda la charla. Y se entusiasma. Es unx niñx ante su nuevo juguete. Un juguete frágil, transparente, doloroso. Un juguete que punza y acorrala. Un juguete que transporta a otras tierras donde las fronteras son de hueso.

Foto: Gastón Malgieri

Cuando llegué a vivir a Córdoba, mi primera experiencia teatral como espectadorx fue con una obra que ella dirigía: “Año Seco – Bio|logía 01”. Desde ese entonces, hemos trabajado juntxs varias veces. Sé la revolución que se desata en su cuerpo ante un nuevo estreno. Como sé también que es una alquimista capaz de combinar pócimas aparentemente incompatibles y convertirlas en conjuros escénicos. Hay en ellx, la inquietud de quien necesita comprender el mundo. Se pregunta, y muchas veces, como todxs, sigue sin responderse. Pero ese es su tesón: insistir, empecinadamente, en abrir una incógnita y desplegarla como en un banquete, para que otrxs también se apropien de esa duda.

Inside Me es una pregunta. Una pregunta incómoda, nocturna, con olor a whiskey y cigarrillo. Hay una decadencia que responde a lo dolido; cuerpos que intentan mantenerse en pie en la debacle. Cuerpos que no pueden sino chocarse entre sí y hacerse daño. Y ruido. Mucho ruido. Mandatos como lanzas, hay. Y necesidad de sanar. De que supure. De sellar el tajo. Y también, de que nos deje solos con nuestro dolor. Y (otra vez) nuestro ruido.

Decías recién que tu vínculo con Williams arranca en el Seminario de Teatro Jolie Libois. ¿Cómo sigue? ¿Cuándo reaparece tu necesidad de retomarlo?
E: Con el correr de los años, y ya como docente, rescaté algunas de esas obras para utilizarlas en mis talleres de formación. Me interesaba volver a esto que decía antes: cierto realismo que atraviesa su modo de entender, en principio, lo vincular. Y fue así como caí en la cuenta que esas temáticas, eso modos de entender “lo humano”, me atravesaban personalmente. Y eran absolutamente contemporáneos. Digo, Williams habla de la violencia, de personajes rotos, o corridos de ese parámetro de “lo normal”, y me movilizó abordarlos. No sólo a través de una relectura de sus obras, sino también a partir de sus memorias, de su propia experiencia con “lo excluido”.

Pero también aparecen, además de los ejes temáticos que te movilizaban, otras referencias, ¿no?
E: Sí, claro. Tenía en mente algunas imágenes, esta idea de los personajes frágiles, las fotografías de Gregory Crewdson y su estudio preciso sobre la soledad y lo nocturno; cierto universo lyncheano, etc. También me interesaba cómo aborda la imposición de algunos mandatos o etiquetas, creadas o impuestas en principio en el seno de “lo familiar”, pero también a nivel social. La complejidad de ese abordaje me intrigaba, y cómo en sus personajes los intentos de fuga de estos mandatos signan lo vincular, los modos rotos que tienen de encontrarse. Digo, me parece que son temas universales. Y con alguien que escribe desde ese lugar y trasciende, es interesante comenzar a preguntarse cuestiones no solo de índole estética, sino existencial. Incluso en ese ejercicio, poder revisar su mirada, cuestionarla, torcerla.

¿Cómo?
E: En “Inside Me”, me propuse esa revisión, esa repregunta. No sólo en escena Stanley es quien viola a Blanche, sino que además Esteban Vallejos, el actor que representa Stanley toma otra determinación. No puede con esa escena. Le parece irrepresentable. Y entonces no se realiza. Y ahí pudimos preguntarnos algunas otras cosas: ¿por qué a este chico, que hace de Stanley, que es varón, fuerte, que representa al “macho alfa”, le está “habilitado” (socialmente, desde lo más miserable del machismo) poder violar a esa mujer? Digo, hay ahí también un estereotipo que nos interpela.
Me interesaba que ese método, que ese releer en clave presente estas cuestiones, interpelara al público, como un modo de convidarles también la pregunta, el sinsentido, incluso ante cuestiones muy personales. Me interesa trabajar con lo biográfico. No sólo de los actores y las actrices, sino también con la propia biografía de los espectadores. Esto de “cómo resuena” en vos el relato. Y me parece que la gran pregunta que atraviesa la obra es ¿cómo nos vinculamos hoy con los mandatos que nos autoimponemos, o nos imponen?

Enseguida nos vamos por las ramas. Decir “vínculo” en esta charla, es abrir un cofre enorme de donde salen toda clase de enigmas. Hablamos sin parar, mientras en la mesa de al lado una señora lee el diario, mirándonos de reojo, intentando entender la euforia.

Es que la energía de E. Hadandoniou es contagiosa. Es una máquina de mil engranajes que, en algún punto, te lleva puesto sin que puedas hacer nada al respecto. Pero ese “llevarte puesto” no es intempestivo. No se me mal interprete. Por el contrario, es una de las formas que tiene esx ñiñx curiosx, de contagiarte sus interrogantes.

Hablemos un poco de la puesta.
E: En términos de puesta la idea madre fue trabajar a partir de la imagen de la intimidad de la cama, de lo privado, de lo que a priori no se muestra. A partir de la pregunta, ¿cómo logro transcribir esta idea a un espacio escénico posible?, pensábamos en una especie de habitación sin paredes, donde todo se ve y se expone. Justamente, la no-intimidad de la que podemos dar cuenta por la proliferación de redes sociales, el almacenamiento masivo de datos privados, las cámaras de seguridad, etc. Y la cama, como elemento, fue el primero en darnos el marco. Todo gira, en mayor o en menor medida, alrededor de esa cama, de ese modo de lo íntimo, a su vez expuesto como en un zoológico (de cristal). Me interesaba poder poner en escena, también, la cantidad de actividades que pasan en una cama, actividades cotidianas, pequeñas, más allá del descanso o el acto sexual. Ese disparador y el universo de las fotografías de Gregory Crewdson que mencionaba antes, fueron el norte sobre el que trabajó Facundo Domínguez como puestista. Y pensarla en esos términos estéticos, es lo que empezó a hacernos sentido cuando nombrábamos la obra como si fuera un viaje al interior de la cabeza de Tennesse.

Hablamos de planos yuxtapuestos. De cruces. Digo, tus obras en general tienen muchísimo que ver con la hibridez. Una hibridez que es temporal, pero también estética, conceptual. Y en ese sentido la puesta de “Inside Me” no es una excepción.
E: Exacto. En lo personal siempre me interesa trabajar las puestas en términos de planos yuxtapuestos, como decís. Diferentes niveles de sentido estético, que se chocan, se cruzan, se renombran. Durante el proceso de ensayos de la obra, aparece el concepto de lo transparente. De que esa transparencia en los personajes, pero también en la puesta, deja verlo todo, hasta el hueso mismo de las cosas. Y lo transparente devino blanco, devino lo impoluto. Me interesaba mostrar ese cruce entre lo aséptico y lo podrido, lo que es carne en cada uno de los personajes, y la pulcritud del espacio que habitan.

Para ir terminando, y siguiendo con esto que hablábamos recién del “universo de referencia” de la obra, hay también varias claves (digamos) más cinematográficas.
Sí, hay varias referencias. Por ejemplo: David Lynch, siempre. Su universo y los vínculos muchas veces extraños entre sus personajes. Otra película central fue “Tarnation” de Jonathan Caouette, su modo de exponer “lo íntimo”, a partir del cruce de lenguajes. Y también el documental “Grey Gardens” de Albert y David Maysles, que retrata la relación de una madre con su hija, venidas a menos ambas. Para el papel de “La Madre”, que interpreta Mariana Roldán, un marco de referencia fue “Mommy” de Xavier Dolan.

Y ya en el plano de lo sonoro, con Agustín Albrieu Llinás que compuso la música de la obra y actúa, el punto de partida fue la música electrónica. El clubbing. Me interesaba la idea de fiesta electrónica, pero también todo lo que tiene de sórdido lo nocturno. De hecho durante el proceso de la obra, hablábamos de un bar, que en algún momento fue lo central como punto de partida para la puesta, y luego devino en las tarinas que por momentos son también barras donde estos personajes beben sin límite.

Me quedo pensando en estos personajes con las heridas abiertas. En la sobreexposición de sus cuerpos. De nuestros cuerpos. En el dolor como espejo. En el teatro como pregunta.

La obra se presenta todos los viernes a las 21.30 hs. en La Nave escénica (Ovidio Lagos 578, Ciudad de Córdoba).

Foto: Gastón Malgieri